jueves, 4 de septiembre de 2008

Sola va con su pena

Es una pena grande como una casa que nunca me voy a animar a dejar. Es solo mía, me la guardo me la quedo y no la comparto… a nadie…. Es casi como si la quisiera, como si no quisiera que se vaya…
Es una miseria muy personal, pasa desapercibida, casi ni se nota.
Va a ser mía, hasta que se me quiete la vergüenza y me desnude completamente. Por ahora no puedo con eso, prefiero retorcerme sola, y entenderme con mi propia locura.
Es insano, muy nocivo para mi pequeña persona, desgastante, peligroso, evolutivo, cómodo.
Lo odio, odio mis manías, mis conductas aprendidas.
Y me pregunto… ¿hasta cuando?
Pero si esa respuesta solo la tengo yo. Esa decisión solo la tomo yo!

Esto es lo que tendríamos que romper, me dijo Andrés cuando entre a su consultorio: romper esa soledad, ese aislamiento que vos sola construís, para no hablar de lo que realmente te lastima…
Y de a poco me rompió la burbuja, me hizo caer de ahí a dentro, a los golpes, porrazos y sollozos tuve que confesar. Y comenzamos a negociar sobre las cosas que me lastimaban.
Digo negociar, porque no es fácil, no es una charla fluida, tuvo que usar las más duras armas de persuasión, las estrategias más afiladas para que yo realmente afloje y le cuente que mierda me pasaba… pero lo logró, y también logró que pudiera hablar de eso, con alguno más… pero no con todos.
Y mas o menos así empieza mi trayectoria en la terapia cognitiva tratando de entender, que las cosas no son tan terribles, que siempre alguna vuelta hay, pero yo si, créanme, soy terrible!
Para mi todo es catastrófico. Ya lo verán.

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